Incursionó en la literatura con el seudónimo "Lorenzo Jiménez". Es autor del relato El crimen de Alberto Lobo (1828), en el que recrea los hechos que rodearon el asesinato de Federico Tinoco. Escribió además, Tradiciones costarricenses (1936) y varios artículos que aparecieron esporádicamente en los periódicos de San José. Como parte de su carrera profesional, desempeñó funciones de contador público.