Considerado uno los actores principales en el inicio de la ciencia moderna en Costa Rica, fundador de los estudios botánicos; se encargó del Departamento de Botánica del Instituto Físico Geográfico de Costa Rica, convertido luego en el Herbario Nacional; logró la difícil tarea de organizar  un herbario con nombres científicos actualizados y en buen estado de conservación. Nació en Pully, Suiza y murió en Guatemala. Llegó en la época de oro de la botánica en Costa Rica; recolectó la mayor parte de la colección del Herbario Nacional de 18.000 especímenes en 1904 que incluían 5.000 especies de plantas fanerógamas y criptógamas; la gama de grupos botánicos que recolectó es más variada que los recolectados por cualquier botánico en la actualidad, pues incluía tanto hierbas y epífitas, como arbustos y árboles, y también musgos, hepáticas, líquenes y hongos.  Fue traicionado por sus colegas Henri Pittier y Théodore Durand quienes excluyeron su nombre de las etiquetas del material enviado al herbario de Bruselas, por lo cual muchas especies y pagos por especímenes se les otorgó a los primeros, sin tomar en cuenta el trabajo de Tonduz, quien ha sido visto como una figura secundaria en la historia de la botánica nacional o simplemente como un “colector”. Escribió relatos en los que dejó un testimonio invaluable por la humana crítica de sus vivencias en los paisajes y entre los pobladores de la Costa Rica de su tiempo así como una enorme correspondencia con científicos americanos y europeos, conservada en el Museo Nacional de Costa Rica y en el Jardín Botánico de Ginebra. Su aporte debe reconsiderarse para darle el lugar que se merece en la historia de las ciencias nacional.